¿Por qué el iraquí no confía en los suyos pero sí confía en el extranjero?
Esta pregunta incomoda y molesta, pero es una de las más importantes para entender por qué no se construyen los Estados aunque cuenten con todos los recursos.
La confianza como capital social
La confianza en la sociología política es un concepto denominado «capital social» —exactamente igual que el capital material: puede acumularse y puede agotarse, y su ausencia paraliza todo—. Los países con alto nivel de confianza social —Dinamarca, Países Bajos, Japón— construyen instituciones con relativa facilidad porque la gente cumple las normas voluntariamente, coopera en proyectos colectivos y acepta la rendición de cuentas. Los países con baja confianza —entre ellos muchos países árabes— sufren costos elevados en la construcción de instituciones porque cada paso requiere garantías adicionales, contratos detallados y supervisión reforzada.
Irak se sitúa en la zona de baja confianza interna, pero con una excepción llamativa: la confianza en «el extranjero» —ya sea un asesor internacional, una empresa extranjera o incluso un iraquí de la diáspora— a veces es más alta que la confianza en el ciudadano iraquí local. ¿Por qué?
La respuesta está en la historia
La respuesta reside en la historia social iraquí. Décadas de gobierno autoritario convirtieron la cooperación entre ciudadanos en una fuente de peligro y no de seguridad: el informante estaba presente en cada barrio, y la solidaridad fuera de la célula de seguridad aprobada era sospechosa. Este legado enseñó a generaciones que quien conoces puede hacerte más daño del que puede hacerte un extranjero. El extranjero no te denuncia ni compite contigo por tu cuota en el mismo círculo social local.
En las sociedades donde el gobierno autoritario convierte a los vecinos en informantes y a los amigos en rivales, la confianza se contrae hacia adentro: la familia primero, luego la tribu, luego la secta. Y más allá de eso hay un desierto de extraños —que en ocasiones son más seguros.
El sistema de cuotas como mecanismo compensatorio de la ausencia de confianza
El sistema de cuotas sectarias y étnicas, del que muchos se resisten a hablar con franqueza, es en esencia un mecanismo racional para gestionar la ausencia de confianza. Cuando no confías en la institución neutral para la distribución de recursos, conviertes su distribución en un sistema de cuotas que garantiza tu parte a través de tu identidad colectiva. Esta solución resuelve un problema a corto plazo —te impide ser completamente excluido— pero perpetúa el problema estructural y hace imposible construir instituciones objetivas.
La vía de reconstrucción de la confianza
Reconstruir la confianza social no ocurre mediante discursos ni solo con reformas legales. Ocurre mediante experiencias de éxito acumuladas: servicios públicos que funcionan eficientemente y demuestran que se puede confiar en el Estado; contratos cumplidos en el plazo previsto que demuestran que se puede depender del socio comercial; elecciones honestas que demuestran que tu voto marca la diferencia. Cada pequeña experiencia de éxito deposita un grado de confianza, y cada fracaso institucional —como el corte de electricidad y la ausencia de servicios— la agota. Irak se encuentra en realidad en una guerra de desgaste del capital social desde hace décadas, y la única esperanza es invertir esta tendencia mediante victorias institucionales reales y visibles.
Síntesis analítica
La baja confianza interna en Irak no es un defecto personal de los iraquíes —es una respuesta racional a una historia institucional que castiga la confianza fuera de los círculos estrechos—. Y la paradoja de la confianza en el extranjero es simplemente que el extranjero no compite contigo por una cuota en el mismo círculo local sofocado. La solución no está en concienciar al ciudadano, sino en construir experiencias de éxito institucional que le den un incentivo para confiar desde adentro.
