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Irak y la Geopolítica — الجزء · المقالة من
Irak y la Geopolítica — Civilización, Identidad y Destino · · 5 min de lectura

¿Por qué Irak no desapareció pese a todo lo que sufrió?

Guerras internas y externas, invasiones, bloqueo, destrucción sistemática, división y colapso económico —Irak ha pasado por lo que habría bastado para acabar con muchos países. Pero sigue ahí. ¿Por qué?

¿Qué significa «desaparecer»?

Seamos precisos en la pregunta: los Estados desaparecen de distintas formas. Pueden desaparecer geográficamente por la división —como ocurrió con Yugoslavia y Checoslovaquia—. O culturalmente por la disolución de la identidad en una identidad dominante. O funcionalmente al transformarse en un Estado completamente fallido que no cumple ninguna función básica. Irak se enfrentó a las tres amenazas y resistió en distintos grados: la división geográfica siguió siendo un peligro que no se materializó pese a muchos intentos. Y la identidad iraquí —a pesar de su fragilidad— conservó algo en común. Y el Estado —a pesar de su debilidad— no se derrumbó completamente ni siquiera en sus momentos más oscuros.

La geografía como disuasión de la división

Una de las razones por las que Irak no desapareció es que su división geográfica sería perjudicial para todas las partes involucradas. La parte norte kurda no tiene salida al mar y está rodeada de países hostiles a su independencia. Y la parte sur tiene el petróleo y la salida al mar pero carece de profundidad demográfica y agrícola. Y la parte central alberga la capital y la estructura administrativa pero sufre de debilidad en los recursos directos. Esta complementariedad geográfica coercitiva —y no voluntaria— hace que la separación sea más costosa que la unidad turbulenta.

Irak no permaneció unido porque sus hijos siempre se amaron —sino porque su geografía hizo que la fragmentación fuera más dolorosa que la convivencia incómoda—. Y cuando la opción es entre la unidad dolorosa y la separación devastadora, muchas sociedades eligen la primera por instinto de supervivencia y no por amor.

La sociedad informal como red de resiliencia

Cuando el Estado se ausenta o se debilita, la gente es acogida por una red social informal que la mantiene en su lugar: la familia extensa, la tribu, la mezquita, la iglesia, el barrio. Estas estructuras —aunque con frecuencia obstaculizan la construcción del Estado moderno por sus lealtades estrechas— son también lo que hace que la gente resista cuando el Estado se derrumba. En los períodos más intensos de violencia sectaria entre 2006 y 2008, durante el bloqueo económico, y bajo el Estado Islámico —las redes sociales informales fueron la última red de seguridad—. Y esta es la amarga contradicción: lo que debilita al Estado es también lo que mantiene viva a la sociedad.

La memoria civilizacional como palanca de identidad

En los momentos más oscuros —en el pico de la violencia sectaria o durante el Estado Islámico— siempre surgieron voces iraquíes que recordaban lo que fue este país. Voces que hablaban de Bagdad capital del califato y de Al-Mutanabbi y Al-Rasafi y Jawad Salim y Aqila Farid. No es nostalgia vacía —es memoria de identidad que resiste a la extinción porque tiene una profundidad civilizacional real—. Y las sociedades que poseen semejante profundidad resisten en las crisis más tiempo del que resisten las sociedades modernas que no tienen un pasado que las sujete cuando cae su presente.

Síntesis analítica

Irak no desapareció porque tres factores lo sostienen: una geografía que hace que la división sea más costosa que la convivencia, redes sociales informales que mantienen a la gente unida cuando el Estado se ausenta, y una profunda memoria civilizacional que resiste a la extinción en los momentos más oscuros. Estos no son una garantía para el futuro —pero sí una explicación del pasado, y comprenderlos debe constituir la base de cualquier visión política seria que quiera construir un Irak mejor.

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